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CÓDIGO POSTAL

Cuando la venganza sabe a sexo y cuero

«Cada lugar nos transforma en deseos pasajeros, pero muy pocos sudan hedonismo». Kyle repetía la frase de memoria, como una oración religiosa. El agua de la ducha salía con fuerza, como agujas casi hirviendo contra su piel. Sus pensamientos derivaban hacia la PrEP, su cockring, las deudas, el Viagra y la venganza. Enjabonándose, se echó el prepucio hacia atrás para revisarse el glande. Una gota de saliva le sirvió de ensayo precoital; le encantaba presumir de eso ante desconocidos justo antes de penetrarlos. No era un adicto al sexo, solo alguien que encontraba alivio en el cruising casual.

portada
Por Aknaton

Aquellos mensajes descubiertos le habían nublado el juicio. Sí, mensajes de texto. La infidelidad tenía un precio, y él sabía con precisión dónde dolía más, pues no era ajeno al dolor. Se enfundó en un arnés de cuero con ribetes rojos y eligió un suspensorio a juego con sus botas. Tomó un plug anal de su colección, lo embadurnó de lubricante y se lo metió en el culo. Una mueca de burla ante su pálido reflejo en el espejo precedió su salida. Las banderas infestaban el barrio. El gobierno borraba los arcoíris de las avenidas, pero no podía arrancarlos de los balcones. Era el Orgullo. «¿Y orgulloso de qué?», le había preguntado su padre alguna vez. El recuerdo avivó su rabia. El alcohol no tardó en inundar sus pensamientos a lo largo de varios bares de circuito. Bebiendo sin freno mientras se recolocaba el bulto frente a camareros tonificados de miradas desconfiadas, destacaba como un tipo blanco, masculino y musculoso, un semental del Medio Oeste para algunos, basura blanca para otros. Con unas copas de más, volvió al coche para dar unas caladas rápidas. Tras guardar el encendedor en la guantera, siguió hacia el destino final: el bar de cruising. Mark apareció en sus pensamientos. Habían elegido esta ciudad donde el invierno nunca llega, lo que le llevó a preguntarse en qué instante exacto se había roto el amor entre ellos. No hubo respuesta. Abriéndose paso entre cuerpos vestidos de cuero que sudaban éxtasis por la pista de baile, logró entrar. Una barra intensamente iluminada titilaba en el fondo de un laberinto de cuerpos y gemidos, envuelta en música house. Enredada en el sudor de hombres y en manos que lo invitaban a jugar, la sala olía a popper y a sexo. Haces de luz intermitente perfilaban sombras en las esquinas de aquel tablero de ajedrez sexual. Deteniéndose en una sala repleta de consoladores y juguetes íntimos, vio cuerpos alineados con pollas listas para ser probadas, y de inmediato se metió una generosa en la boca, una oferta demasiado tentadora para resistirse.

caminando
Por Aknaton

Nunca disimuló su debilidad por el sexo en grupo, las pajas en el parque o los encuentros fortuitos en algún callejón. Ya nada importaba. El rencor nacido de la traición exigía desahogo. Otros hombres velludos observaban mientras se masturbaban en aquel rincón: pollas gruesas y venosas por todas partes. Uno de ellos le dio la vuelta, le separó las nalgas, escupió un par de veces y empezó a extraer el plug atascado. El alivio invadió a Kyle, como si descorcharan una botella de champán de lujo. El tipo se puso de pie, se embadurnó de lubricante y se hundió en ese culo hambriento. Luces intermitentes cruzaban la sala iluminando a los que esperaban su turno. Unas manos le acercaron a la nariz un trapo empapado en popper. Jadeaba con cada embestida que le rozaba la próstata, llegando a oír los gemidos de un par de lechadas que goteaban en su interior. Más de cinco tipos debieron de ensartar ese agujero durante el frenesí de cuero, pulverizando su récord personal de cuatro. Tanteando el suelo hasta encontrar el plug, se lo volvió a meter mientras contaba las corridas que llevaba dentro. Casi nada importaba ya.

DESCONECTADO
Por Aknaton

El trayecto a casa transcurrió bajo hileras iluminadas de palmeras urbanas. Al encender la radio solo sonaba propaganda político-religiosa, así que puso su lista de reproducción; sonó Grace Jones. Un pensamiento fugaz sobre Jonestown le cruzó por la cabeza, descartado con un incrédulo movimiento de cabeza. En unas horas le esperaban un café, una ducha y el viaje al aeropuerto para recoger a su marido. La traición era evidente, pero los unían lazos más fuertes: las deudas, la casa, los perros, la familia. La noche seguía siendo sofocante. Al recordar su excitación culpable en el club de sexo y las pollas que había tenido dentro, muy poco importaba a estas alturas. Reincorporarse a su papel solo requería la mejor actitud: seguir siendo un hombre trabajador, dedicado a su pareja, y continuar haciendo de activo en un matrimonio largo.

Cómo se hizo este artículo

Escrito por

Felipe Labarca

Chilean-American writer and author of the book “A ras de cielo” (2017).

Ilustrado por

Aknaton

Illustrator as DDirt.

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